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De costa a costa

Existen dos lugares que sin querer se convirtieron en mi segunda casa L.A y N.Y.

El primero, porque tengo familia ahí, así que, de los 10 a los 17 años  pasé todos mis veranos en casa de mis tíos en Malibu a lado del mar y aprendiendo a cocinar y tomar vino al mismo tiempo, si, desde los 10 años.

La cosa es que mi tío John es chef y para él no hay nada peor que una persona que no sepa hacer las cosas bien, así que, me enseñó a disfrutar del proceso de cocinar y a tomar una sola copa de vino mientras todo hervía y se freía.

A Nueva York lo hice mío porque siempre que voy me da algo nuevo,  siempre me regala cosas que no estaban dentro de mis planes tener, algo que quizás no sabía que necesitaba, así que, decidí convertirlo en algo muy mío.

Esta vez sin querer los planes se juntaron y terminé visitando los dos lugares en una semana, sin duda la mejor manera de empezar a cerrar el año.

La primera parada fue en Los Angeles, había que cubrir el Autoshow así que viajamos unos días antes para tener todo listo. Afortunadamente la agenda nos permitió tener un poco de tiempo libre que aproveché para caminar por el centro y encontrarme con una tienda maravillosa PLEASE DO NOT ENTER de la cual les platiqué en mi colaboración en Fahrenheit (Click AQUI). Mucha moda, diseño, arte y un poco de arquitectura se mezclan en este pequeño gran showroom que sin duda vale la pena visitar.

Un par de días después debía tomar  mi avión a N.Y  para conocer el nuevo Art Car de BMW, se anunciarían los nuevos artistas que intervendrían el M6 GT3  y además conoceríamos el primer Art Car intervenido para BMW.

¡Estaba lista! Salí de Los Angeles con todo y el tráfico de las 4pm y llegué justo a tiempo para volar toda la noche  a NY. Llegué al rededor de las 5:30am feliz y muerta de sueño. Ver Manhattan en la madrugada es algo que todos tienen que ver una vez en la vida. Mucha luz, mucho edificio, mucha historia, mucho glamour, mucho NY. Supongo que cuando viajas nada puede intervenir con la emoción de no saber con todo lo que te vas a encontrar. En mi caso, este viaje en especial, era para encontrarme, no solo con grandes obras de arte, también con uno de mis artistas favoritos.

Llegué al hotel para darme un baño y dormir un poco. En punto de las 10am me reuní con mi equipo de trabajo, Nicolás Alvarado, Carlos  y Liz Solís nuestra anfitriona de BMW.

Empezamos con un “pequeño” brunch en medio del Meatpacking District. Nueva York nos recibió con un poco de lluvia y viento para que pudiéramos “entrar en calor”. Terminando nuestro ligerísimo brunch que incluyó pan francés, omelettes de espinaca, jamón y queso, salchichas y tocino, nos dirigimos al Witney Museum.

Este museo abrió sus puerta en mayo de este año dándole le bienvenida a todos aquellos amantes del arte que quisieran cambiar Soho o Brooklyn por una zona mucho menos bohemia pero con un poco más de historia. El minimalismo y el maximalismo de Frank Stella  nos dieron la bienvenida.  Colores, formas, trazos, profundidad.., todo lo que hace Stella me parece maravilloso, supongo que por eso estaba como turista chino tomándome fotos por todos lados.

La segunda parada fue en el último piso del museo. Las puertas del elevador se abrieron y El Circo del Calder estaba ahí, morí un poquito de emoción. Soy muy fan de Calder, de él y de lo poco que hizo su esposa; para mi buena suerte también había un poco de su obra dentro de la última sala.

El Hudson, la lluvia, Stella, Calder y el meatpacking district eran el escenario perfecto para comenzar el día en NY.

Alguien nos recomendó visitar la Gagosian Gallery que está a solo unas calles del Whitney, al parecer había una exposición de Jeff Koons y valía la pena verla. Para mi no había otra opción , había que ir. Eres de esperarse encontrar una exposición un poco cínica como lo es el mismo Koons, lo que jamás imaginé encontrar era al propio artista.  Liz de una forma muy discreta me dijo “Está atrás de ti” y  yo de una forma nada discreta voltee y dije” Quiero una foto con él, ¿Que hago?”.Afortunadamente Liz lo conocía, así que mi acercamiento con el Maestro Koons resultó mucho menos bochornosa de lo que esperé.

Regresamos al hotel para cambiaros y entrar en traje de carácter. La razón por la que estábamos en NY estaba a punto de ser revelada. En punto de las 8pm salimos hacia el Guggenheim y con mucha lluvia dimos el salto del coche a la entrada principal de uno de mis museos favoritos.

Invitados especiales, compradores, prensa; el Guggenheim estaba listo solo para nosotros.

A la entrada estaban todos los Art Cars a escala de de BMW, Koons y Warhol mis favoritos, en el centro del museo estaban dos autos, el que sería intervenido y el que revelarían esa noche. Pláticas con periodistas de otros países, compradores con más de 150 autos, coleccionistas de BMW y amantes del arte hicieron que esa noche tuviera aún más sentido.

Por fin el auto sería revelado, un pequeño video de la historia de los Art Cars serviría de avanzada para conocer el primer auto intervenido en 1972, ¡CALDER! El primer Art Car de BMW fue intervenido por Alexander Calder y yo me quería morir de felicidad. Gran sorpresa para esta loca fanática de los móviles.

Poco después se revelarían los nombres de Cao Fei y John Baldessari como los próximos artistas en intervenir el M6 G3T que competirá en 2017. Tienen un año para hacerlo, la única regla: no intervenir con el peso ni aerodinámica del auto. Sin duda una noche llena de sorpresas

Al día siguiente, de regreso en el Guggenheim,  platicamos con Cao Fei, artista más joven en intervenir un auto para BMW , “¿Cual es tu relación con los autos? Las mujeres siempre tenemos algo interesante que decir cuando se trata de asuntos de hombres” le digo/pregunto, “La verdad no tengo ninguna relación con los autos, no manejo, así que esta vez será todo desde el punto de vista del usuario, del movimiento desde un punto de vista distinto” me contesta. Creo que pocas veces nos tomamos el tiempo de ver todo dese otra perspectiva y este me parece un punto de vista igual de importante que el de aquel que vive y respira autos.

Finalmente, tuvimos una pequeña visita guiada. La exposición de Alberto Burri nos despediría con todos esos materiales y texturas que sólo un verdadero doctor podría poner a jugar.

Fue una semana de costa a costa, pesada, con pocas horas de sueño pero reparadora, llena de sonrisas y momentos que sólo un lugar que se sienta como casa te puede dar.

 

 

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