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De Grimes a Selena: voy a escuchar lo que quiera escuchar

Tengo amigos muy cool. Ese “cool” lo pueden leer un poco alargado con cara pretenciosa entrecerrando los ojos y apretando la boca. Es decir, muchos de mis amigos escuchan música alternativa, que nadie más conoce y por lo tanto “mejor que cualquier alfa estreno”. A mí también me gustan estos grupos: soy fan de Joanna Newsom, Cherub y Animal Collective, pero la verdad a mí no me da pena admitir que también me gustan Maluma, Britney Spears y Alicia Villarreal. Se los prometo: es posible que a una misma persona le guste todo eso.

La música puede unir a gente extremadamente diferente entre sí y un ejemplo perfecto es un concierto de los Rolling Stones: hay señoras adineradas, oficinistas promedio y adolescentes. Lamentablemente, a veces la música también crea separatismo. En este círculo privilegiado en el que yo me encuentro, la música que escuchas es razón para discriminar. Precisamente ahora, en vísperas del Corona Capital, es muy común escuchar o leer a personas alardeando sobre su vasto conocimiento musical y ahí viene implícito el hecho de que son mejores que tú.

Es un hecho que hay música más elaborada que otra. No podemos discutir que las letras de David Bowie -desde una perspectiva poética o filosófica- tienen mayor complejidad que la lírica de Madonna. La música de las canciones de Jack White no puede estar en la misma categoría que la de Katy Perry. Eso es verdad, pero estamos dejando algo de lado: todos tenemos un bagaje cultural distinto. Nuestras experiencias son diferentes y por ende, la música que nos gusta no es la misma incluso si venimos del mismo círculo social.

Otro punto importante es la noción de que la música nos puede generar los mismos sentimientos. Quizás lo que algunos sentimos al escuchar una canción de Tupac, otros lo sienten idéntico cuando suena Wisin y Yandel. Sé que estoy algo solo en esto, pero soy de la idea de que deberíamos permitir que a la gente le guste la música que quiera. Tal vez no debería existir tal cosa como los gustos culposos. Así como no me da pena admitir que soy fan de Tyler The Creator y Pond, tampoco siento culpa de idolatrar a Selena Quintanilla, reina de la cumbia.

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