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Desaparecer en un mundo conectado

Vivimos en los remanentes del 2015, la era de Facebook, Instagram, Snapchat y WhatsApp, es la era donde podemos recibir noticias las 24 horas del día, hablar con quien queramos en cualquier momento de la mañana, donde conseguimos sexo a través de una aplicación y comida para después de ello.

Los millenials se sienten libres de hacer y decir lo que quieran en su Vine, sus papás aprenden a usar uber y todos se mandan localización para encontrarse en un punto medio. Parecería que las conexiones entre personas son más fuertes y la convivencia humano-maquina-humano es el símbolo del éxito para las telecomunicaciones.

Hemos aprendido a usar la tecnología para entablar relaciones, funcionado como un brazo biónico que nos alcanza a quien consideramos el objeto de nuestro afecto; el principio es maravilloso, como todo, como cualquier primer experiencia, y parecería que no hay apps suficientes para estar conectado con la persona que nos hace preguntarnos ¿gano lo suficiente para irme a vivir en pareja? ¿es muy pronto para formalizar?

La vida no puede ser mejor, no podría caminar el mundo con mejor paso, ni siquiera importa que ISIS quiera incendiar la civilización occidental, nada importa porque parece que estás enamorado, incluso hiciste un quizz de BuzzFeed en el que parece que la compatibilidad es tan grande que si le donaras un riñón a esa persona no habría rechazo en los tejidos… todo es así, un cuento, hasta que “el amor de tu vida” desaparece.

Sí, quizá hay quien diga que tres semanas de conocer a alguien no es suficiente para que nazca el amor entre dos personas, pero ¿quién es experto en el amor para asegurar eso? quizá sea alguien que no ha compartido 4 horas en total de snapchats o quizá no considera que hablar por whatsapp hasta las 3 de la mañana del martes sea relevante, pero en nuestro mundo todo eso significa algo… o al menos debería, o no, no sé.

Desde hace un par de días ese contacto que parecía un vendaval de pasión se ha ido reduciendo como la presión del agua en el oriente del DF; hoy, apenas si te contesta con monosílabos, y hace 3 días que no abre su Snapchat y ya ni siquiera pudo ver tu carita con el efecto del vomito color arcoiris, quedaron de comer el jueves, pero ya tiene una junta a la que no puede faltar y este fin de semana se va a “Teques” con sus primos.

¿Qué habrás dicho?¿Por qué ahora parece que está en mil compromisos que antes no tenía? ¿Estará jugando contigo porque quiere hacerse el/la difícil? “Sí está jugando conmigo”, dices, no con tanta seguridad pero lo dices.

Entras a su Instagram y al parecer ha subido la foto del helado Roxy que comió hace una hora con el #LifeIsGood, y se te revuelve el estómago porque aun no ha leído el último mensajito de “buenos días” que mandaste a las 9am aunque su estatus es “en línea” y no se ha desconectado en todo el día, y muy a pesar de que intuyes lo qué está pasando prefieres ignorar a tu estúpida intuición… (estúpida).

Los días pasan y el contacto va desvaneciendo hasta que ya no contesta los “buenos días” que mandaste hace 1 semana, su Facebook parece que funciona a la perfección, por lo menos hasta ayer, pero entonces te das cuenta que te ha eliminado de sus amigos, con eso sabes perfectamente que todo se acabó, ¡¡¡¡TODO!!!!, toda su vida juntos, todos esos planes a futuro, quieres vomitar color arcoiris porque no existe una explicación razonable por la que ya ni las llamadas te toma.

Desapareció, pero sólo para ti, es como si hubiera construido una inmensa fortaleza de cristal donde puedes verle pero donde no te puedes acercar, una en donde te muestra que su vida continúa sin perturbación, una donde se muestra en una eterna fiesta en la que tú no has sido invitado, una en la que te deja muy claro con su indiferencia que eres un paria, un leproso que prefiere bloquear de su vista periférica, un incubo al que su sistema prefiere ignorar porque le causa repulsión, un sistema vivo insignificante que no merece ni un adiós.

Recuerdas que leíste un artículo en el HuffPost donde eso que te están haciendo se llama “ghosting” algo así como que este wey o esta vieja desapareció como un fantasma haciéndose invisible pero que puedes percibir por los movimientos que hace.

Ya pasaron algunas semanas desde que ni siquiera la Ouija te ayuda a comunicarte con quien se fue, estas ardido pero cada vez duele menos, hoy el sentimiento sabe chicle que se le acabó el sabor pero que no te puedes sacar de la boca, tienes más preguntas que coraje, te ves en el espejo haciéndote cortes emocionales ¿Estoy feo? ¿Conoció a alguien más? ¿Se habrá dado cuenta que me gusta ponerle miel de maple a la big mac? pero nadie puede contestar tus dudas, salvo la persona que te tiene viviendo en Siberia.

El Ghosting es exactamente el ejemplo de lo que no se debe hacer. Y hay que confesarnos, al menos lo haré yo: hice ghosting y a distancia me avergüenzo, no di  la cara, y preferí esconderme como un delincuente, simplemente porque no tuve el valor de enfrentar a alguien y  decir que al final pensé que no me gustaba lo suficiente como para continuar, me sentí mucho más importante de lo que de verdad era, y cerré los canales de comunicación para evitarme la pena de confrontar a alguien que había sido lo suficientemente bondadoso para demostrar interés en mí.

Platicando con una amiga psicoanalista me dejó muy claro las connotaciones emocionales que derivan de un evento así, y fue entonces que me autoexploré (no para encontrarme cáncer) y descubrí que en la época en la que lo llegué a hacer mi vida tenía un millón de problemas sin resolver. Hoy no podría volver a hacerlo, porque en este escenario que es la vida todos hemos sido víctimas y victimarios, todos hemos estado como jueces y como sentenciados, y conozco la incertidumbre, el coraje y la impotencia que provoca que una persona que llegaste a idealizar no te voltee a ver nunca más.

Las relaciones son complicadas, pero son padres, hay unas que funcionan y otras que no, hay unas que te dejan más dolores que alegrías, pero al final son parte de lo que somos y lo que nos enseña a buscar en una próxima oportunidad lo que realmente nos hace felices, soy sincero al decir que espero que a quien le hice ghosting pueda guardar un buen recuerdo de mí.

Habrán mejores apps en el futuro, habrán maneras increíbles para poder comunicarnos, pero todas seguirán el mismo principio: conectar nuestro interior con el de otra persona. Nunca hagamos lo que no queremos para nosotros, nunca demos por sentado el cariño de alguien más, nunca le quitemos el valor a alguien que sólo nos demostró interés. Fácil.

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