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El orgullo de ser Sateluco

El término “sateluco” se ha convertido en una palabra común dentro del “slang” capitalino, la mayoría de las veces usado de manera peyorativa, para referirse al “dude” que transita las calles de este suburbio dentro de su Neon color chispagel de 1994 mientras disfruta del flamante nuevo sencillo de Daddy Yankie a alguien que vive fuera del D.F. pero esto no siempre es el caso.

El “sateluco” es el habitante oriundo de este gran pedazo de las afueras de la Ciudad de México, y aunque muchos digan lo contrario, Sátelite funciona y este año se cumplen 61 años de que fue concebida.

Ciudad Satélite es posiblemente el único suburbio que tuvo un desarrollo urbano coherente, diseñado en un principio por Mario Pani y Jose Luis Cuevas en 1954, pero como todo en México, el plan maestro de urbanización no se llevó a cabo como originalmente se planeó, gracias al entonces Gobernador del Estado de México ,Gustavo Baz Prada, posiblemente el único que ha funcionado y no, no tenía copete.

Muchos dirán que es una zona difícil de transitar, pero no es así, Satélite esta formada por “circuitos” los cuales tienen zonas comerciales definidas y habitacionales unifamiliares, esto es algo que se tiene que apreciar mucho, ya que el uso de suelo es de las pocas cosas que se cuidan en esta colonia.

Los circuitos son anchos, largos, bien iluminados y normalmente no hay trafico gracias a su diseño. Donde encontraremos tráfico y caos es siempre casi al llegar al anillo Periférico, y esto es casi tan extraño como ver algún meme de la “Gaviota” en twitter. Not.

Regresando un poco a la historia de Ciudad Satélite, en la década de los 60’s y 70’s, esta zona se convirtió en algo nuevo, fresco, que daba vida y servicio al norte de la Ciudad de México y, aunque uds. no lo crean, el amado anillo Periférico parecía más una carretera.

Los desarrollos habitacionales se explotaron al máximo en los 80’s y para los 90’s, Satélite se convirtió en el bastión de la clase media-alta en ascenso, los denominados “New Rich”, los cuales en su gran mayoría, carecían de buen gusto pero contaban con una gran cartera. Una vez más, esto no es generalizado.

Gracias al gran poder adquisitivo de la mayoria de su población, Satélite se ha convertido en el laboratorio para nuevos comercios y nuevas marcas, dejando claro que si se consume ahí, se consumira en toda la ciudad. El nivel de consumo de sus habitantes es enorme, y es posiblemente donde más dinero se gasta en bienes, servicios y comodities de toda la Ciudad y área conurbada.

Reconoceremos de manera sencilla cuando lleguemos a Ciudad Satélite, ya que nos reciben las Torres de Satelite, uno que otro Chevy con luz neon en los rines y sus extremadamente buenas lobsters, diseño de Mathias Goeritz y Luis Barragan que funcionaban (antes del segundo piso de paga) como una escultura para ser vista desde el automóvil, símbolo del progreso y la modernidad.

En resumen, Satélite es una zona incomprendida por muchos, odiada por otros, amada por multitudes y sobrevalorada por pocos. Es un recuerdo de que las cosas se pueden diseñar en cuestión urbana, y que aunque no nos guste el reggueton o las aguas de la zona azul, muchos de los denominados “satelucos” son piezas folcloricas necesarias para darle “ritmo y sabor” a nuestra amada Zona Conurbada de la gran capital.

Satélite nos da hitos urbanos, cultura, arquitectura y diseño, aunque sus detractores digan lo contrario.

Desde mi bastión “defeño” solo puedo decir una frase: Long Live Satélite.

 

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