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Gays

¿Quiénes son? ¿Dónde están? ¿Son hijos de quién? ¿Resultado de qué? ¿Por qué existen? ¿Cómo entenderlos? ¿Es normal? Parecería que todo el mundo tiene una teoría de nuestra existencia que todos tienen derecho a opinar sobre nosotros, que tienen la autoridad para ponernos apodos, que concursan para descubrir cuál les gusta más y poder catalogarnos, y entonces tener perfectamente bien ubicado a un nutrido grupo de personas que en la vida cotidiana se ven, para algunos heterosexuales, como un todo, un mamotreto abstracto, unidimensional, carente de profundidad y de textura.

“Los Gays” son ese gran elefante en la sala, algo obvio que coexiste en nuestra humanidad desde el principio de los tiempos, algo tan natural que parece incomprensible, como la existencia misma. ¿Por qué existen? ¿Por qué existimos? Quizá sea una pregunta que todos los humanos nos hacemos, pero puedo apostar que quienes somos LGBT nos lo preguntamos desde que tenemos recuerdos, sabemos que somos distintos; y pese a que sabemos muy bien que ser distinto no es malo, puede ser angustiante para un niño de 6 años pensar que todo lo que siente está equivocado, está mal y es motivo de vergüenza.

Pero no hay vergüenza en lo que yo fui de niño, en lo que soñaba y en lo que me gustaba, no había pecado en mis fantasías, ni había error en mis sueños, pero nadie me lo dijo nunca, quizá mientras lo escribo es la primera vez que lo racionalizo así. Siempre fui quien soy, y aunque he tenido una buena vida pasé muchos momentos en completa soledad, sin decirle a nadie, por miedo, por vergüenza.

Me imagino y entiendo la inmensa soledad que han vivido todos en nuestra situación, la completa incomprensión de algo que parece equivocado, la rabia de ser señalado en la más pura inocencia. Y en el mejor de los casos crecer nos fortalece, nos construye una armadura sólida, brillante, que combina con cada uno de los colores de la naturaleza, nos engruesa la piel y el alma, nos quita una venda y nos logramos reconocer como lo que siempre hemos sido.

Y quizá escribo todo esto desde la melancolía de los tiempos que vivimos, tiempos donde un hombre con un profundo odio hacia si mismo entra a un antro y mata 50 personas, donde el Presidente de México, por convicción o no, se atreve a declarar el reconocimiento de los derechos civiles para los miembros de la comunidad LGBT y pagarnos un poco de todo lo que se nos debe con el el matrimonio igualitario llevando a decenas de organizaciones y la poderosisima iglesia católica a decir que no somos dignos de disfrutar los mismos derechos por ser homosexuales o transexuales, porque nacimos mal, porque somos un ente sin sentimientos, amorfos, sin aspiraciones.

En algún momento no me sentí parte de la comunidad LGBT, había una parte de mi que no se reconocía como integrante de, una vez más, por vergüenza y lo cubría con una falsa superioridad, pero luego entendí que rechazarla era rechazarme, que despreciarla era despreciarme, que burlarme de ella era continuar con la violencia que llegué a sufrir, que cuando la trataba con condescendencia le daba derecho al resto de las personas para que me tomaran a la ligera;  y entonces pude verme dentro de ese gran frijol amorfo y unidimensional catalogado como “los gays” en donde encontré una respuesta a cada pregunta, y donde conocí la amistad y eventualmente el amor, y eventualmente a mí mismo, y dejé de sentirme enojado; me di cuenta que con cada uno de ellos compartía un lazo indestructible, una especie de hermandad, porque todos sabemos lo que es, porque todos hemos sido heridos y hemos salido airosos de eso, porque estamos orgullosos de lo que nos tocó, porque nunca más vamos a esconder lo que somos, porque en ese ente que la mayoría del mundo ve con incredulidad y curiosidad, todos somos jotos y lesbianas, y transexuales y maricones y tortilleras y vestidas y bisexuales, y vamos construyendo nuestras vidas, con lo que tenemos y como podemos, donde hay conflictos, pero que en el fondo hay unión, donde hay amor.

Sí somos distintos, sí somos otro tipo de personas, porque hemos tenido que serlo, porque el mundo no fue construido para nosotros, porque hasta hace muy poco tiempo no había leyes que nos protegieran, porque hasta hace muy poco nos consideraban enfermos mentales, porque aun hoy nos consideran depravados, porque hoy nos matan, nos insultan, nos escupen, nos avientan chicles en el pelo, hablan a nuestras espaldas, se ríen de nosotros en la cara, nos señalan, nos juzgan, y aun así podemos salir a la calle con la frente en alto, y aun así construimos imperios tecnológicos y dirigimos empresas alrededor del mundo, y gobernamos y aun así imaginamos y creamos lo que hay en nuestras mentes, y aun así le regalamos al planeta nuestro talento y nuestro esfuerzo, y sonreímos y entretenemos y componemos las más hermosas canciones, y pintamos los cuadros más fascinantes de la historia, y somos los que hemos derrotado enfermedades que pudieron exterminarnos, y hemos superado dictadores, hemos sobrevivido a la iglesia y a los sacerdotes que nos condenaron y que nos violaron, creamos hogares cuando nos echaron a la calle, formamos familias a pesar de todo.

Estoy orgulloso de mi viaje, del viaje que he recorrido, no ha sido perfecto, no fue a prueba de errores, me he equivocado miles de veces, pero estoy aquí, y la marcha del orgullo es eso, es festejar nuestros viajes, es celebrar que a pesar de todo estamos aquí; que el odio sigue, que la incomprensión no se acaba, que la ignorancia aun nos castiga, que aun son más nuestros enemigos que nuestros aliados, que nuestra lucha sigue latente, que aun vienen generaciones que serán despreciadas por quien más aman.

El mundo es otro, nunca antes se había hablado con tanta insistencia de estos temas, nunca antes habían existido tantas organizaciones de padres de hijos gays, lesbianas, bisexuales y transexuales, nunca antes habíamos salido tanto a las calles, nunca antes habíamos ganado tantos amigos, aliados, tantos hombres y mujeres heterosexuales que nos abrieron los brazos, respetándonos y uniéndose a nuestras luchas, porque nunca voy a olvidar a quienes me defendieron en algún momento. Las cosas han cambiado pero aun hay mucho que hacer, las cosas son un poco distintas pero seguimos siendo una minoría despreciada; y la única manera de cambiar eso es saliendo, es viviendo, es enseñarle a todos aquellos que nos juzgan lo cabronamente equivocados que están.

Es hora de que las cosas cambien, todos los heterosexuales que puedan leer esto espero que sepan que esto no puede seguir así, que es momento en que abran sus mentes, pero sobretodo sus corazones, que sepan que merecemos el mismo respeto que ustedes pueden exigir, que es tiempo de abrazar a sus hermanos y hermanas LGBT, que es tiempo de cambiar de pensamiento, que ya no somos los mismos de hace 100 años, que el mundo no puede soportar tanto odio, que el cuerpo no puede soportar tanto desprecio, que no somos bestias, que podemos evolucionar, que lo único que pedimos es respeto, es aprecio. Y también es momento de que sepan que si no lo cambian ustedes, lo vamos a cambiar nosotros.

Es hora de que “Los Gays” sean humanizados y dejen de ser caricaturas, que “los gays” dejen de ser abstractos, que sean respetados y reconocidos de la misma manera que cualquier otro ser humano, es momento de que la comunidad LGBT sea vista con cada uno de sus colores, con cada una de sus dimensiones y texturas.

A.

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