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Mi medio maratón

Hace unos años una buena amiga me invitó volver a correr,  el trabajo y la rutina me hicieron dejar los tenis a una lado pero una carrera de 10 kilómetros fue el pretexto perfecto; según ella  “Necesitaba sudar lo que no había llorado” Había pasado por un momento complicado y sinceramente nunca me di el tiempo de sanar ni asimilar lo que había sucedido, así que,  lo bloquee y como era de imaginarse mis amigas lo notaron.

Tiempo después seguí corriendo como parte del entrenamiento para una carrera de obstáculos, si, antes de que todas las Spartan Race se pusieran de moda, ya había carrera de obstáculos, me motivaba saber que todos mis amigos se entrenaban igual que yo y que haríamos algo en equipo.

El día de la carrera llegó  y yo estaba feliz, con ganas de demostrarme a mi misma que podía hacerlo, no por mi pero por alguien más. Esa carrera fue de todo el equipo , nos ayudamos unos a otros a saltar, trepar, colgarnos etc… Esa última carrera me dejó algo más que un par de moretones en las piernas, me dejó las ganas de seguir corriendo.

Creo que nunca me había dado cuenta pero durante mucho tiempo corrí por “algo”, porqué “algo” me molestaba, “algo” estaba mal, “algo” no quería , “algo” había que hacer con esos kilos demás siempre había “algo”.

Sinceramente nunca decidí correr para ser una atleta, es más,  no seguía  un programa  solo corría y ya; me ayudaba a despejarme y a estar “sana”, me ayudaba a pensar en todo lo que no quería pensar durante el día, a platicar conmigo misma, preguntarme cosas que no quería contestar y resolver un par de problemas existenciales, siempre, para encontrar o deshacerme de “algo”.

Cuando me ofrecieron entrenar para los 21K  no lo dudé, quería demostrarme que no solo podía llegar a la meta, también entrenarme, disciplinarme y lograr lo que en algún momento me pareció una locura. Así que el Nike Womens Half Marathon  Running Team se organizó y nuestro coach mandaba los entrenamientos religiosamente cada 15 días con los kilómetros a completar. Lunes y jueves había entrenamientos pero yo sólo podía llegar los jueves a las 6am.

El principio fue difícil, me contracturé los muslos y no podía correr rápido, me desesperaba horrible, ver mi reloj y mi pace era la peor tortura ¡QUERIA SER RÁPIDA! Pero mis piernas no me lo permitían así que tuve que ser paciente y esperar a que todo se “acomodara”.

Los entrenamientos siguieron y en lo único que pensaba era en completar mis kilómetros desde dónde estuviera. Poco a poco la fecha se acercaba y la angustia de saber si podría o no con mis 21k era mayor. Por supuesto nadie se enteró de mi estado de ansiedad, quizás solo mi coach al que llenaba de preguntas por whatsapp y cada vez que veía jajajaja.

Unos días antes de la carrera fuimos a cenar todas las valientes que en Enero dijimos “si quiero” [al entrenamieto]  pasamos una noche increíble, super apapachadas, contentas y platicando horas sobre lo que ya para todas era parte de nuestra vida y rutina, correr.

Esa noche mientras cenábamos hubieron dos frases que me cambiaron la perspectiva de lo que estaba a punto de hacer, primero: “Disfruta la carrera” Esto me lo dijo Ale Quesada y aunque puede parecer algo obvio jamás lo pensé; jamás se me ocurrió disfrutar la carrera porqué siempre me presioné para correr como el militar que claramente no soy, así que , olvidé que tenia 21k para disfrutar; la segunda: “Tu mente hace que te rindas diez veces antes de que tu cuerpo te pida hacerlo” Frase que le agradezco a Camilo [Director de Marketing de NIKE] pues ahí fue cuando le perdí el miedo a las subidas, al dolor de mi rodilla y a los 21K, bien dicen que “Todo está en la cabeza” y aunque siempre hemos escuchado lo mismo, esa frase me ayudó a estar en paz por primera vez con mis pensamientos y programarme para no sentir dolor.

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El día de la carrera  llegó y yo estaba nerviosa, emocionada y un poco preocupada, pues nunca sabes que pueda pasar. Mi novio me dejó en la salida, tomé mi lugar, la vibra era increíble, todas estábamos ahí para cumplir el mismo reto pero todas por razones y bajo circunstancias diferentes, raro, pero increíble.

Salimos, todas empezamos a correr, unas más rápido que otras, te empujaban, todas veían hacia adelante,  ¿me estoy quedando atrás?, no me puedo quemar en los primeros kilómetros, tengo que encontrar mi ritmo, ¿Estoy rebasando o me están rebasando?, no pienses, corre, tienes que disfrutarlo, corre, disfrútalo, corre, ¿Voy más lento?, disfrútalo, te lo prometiste, es por ti…Y si, era la primera vez que no corría por “algo”, corría por mi.

21K pasaron y aunque ésa subida y mi rodilla me invitaron a pararme un par de veces, nunca me detuve, me prometí no hacerlo y cumplí mi palabra.

Salimos de Chapultepec y vi a mi novio “¡Chaparrita! ¿Cómo te sientes?” [corría un poco a lado de mi] “Bien, me duele la rodilla, pero bien”, “Ya no te falta nada, te veo del otro lado” No me había dado cuenta llevaba 16K y estaba entera, solo me faltaban 5k para llegar a la meta.

Un par de vueltas más, una subida, una recta, gente aplaudiendo, no te pares, corre, te faltan 3k, no…ya se va a acabar, no quiero que se acabe, corre… ¡LLEGUE A LA META! Mi coach me esperaba con una gran sonrisa justo pasando el arco, “¡Bien Lore!”, no podía de felicidad, lo abracé, vi mi tiempo  y no me lo creía.

Mis primeros 21K me enseñaron  que lo único que necesito es creer en mi cómo lo hizo mi coach, mi equipo de running y todas las personas que estuvieron siempre durante el camino, que no necesito ser una atleta de alto rendimiento para correr 21K, que la constancia y la disciplina son mis mejores amigos aunque a veces prefiera quedarme 5 min más en la cama pero sobre todo, que no hay mayor satisfacción que cruzar una meta cuando corriste por ti y para ti.

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