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Para el D.F. con smog

El día que regresé al D.F. (rebautizada CDMX por el H y versión adulta, con canas y arrugas de Dewey (Malcom in the middle) :Miguel Angel Mancera, fue algo más que épico para mi.

El primer sorbo del fresco y contingente aire de mi ciudad me recordó esa tos de perro que me costaba abandonar.

Subí a mi UBER, y la tarifa dinámica me recibió con una botella de agua marca Kirkland recordándome que de ahora en adelante todo regresaría a ser lo que era antes.

-TE AMO CIUDAD DE MÉXICO- Pude decir mientras una lagrima escurría por mi mejilla ya negra gracias al diesel del camión queme ahogo mientras intentaba subir la ventana.

Viví por 8 meses en Guadalajara, una verdadera joya de ciudad. La calidad de vida es algo que agradecí de principio a fin. De repente te das cuenta que existen 4 horas más en tu día, tiempo que gastas en trayectos diarios en D.F., el estrés acumulado en la semana es fácil de dispersar en algún buen bar o restaurante en la capital de Jalisco. Las mujeres, guapas todas ellas, te hacen pensar sobre lo que no habías visto nunca en tu vida.

La gente trabaja, se esfuerza, es amable y te recibe de manera increíble. La creencia popular dice, erróneamente, que si eres “chilango” te odian en todas partes. Tienen un poco de razón, pero lo atribuí a que no soy tan agradable.

Guadalajara es un gran lugar para vivir, no sólo para ir a echar balazo, pata y el polvo blanco que emana de los baños del BAR AMERICAS. ¿Por qué abandonar ese lugar lleno de música banda, botas, mujeres de caderas brutales,  bigotes, alcohol, reventón, paz y quietud un sábado?

¿Acaso eres imbécil Juan Luis? La respuesta es: Si, lo soy. Estoy a 1 mes de cumplir 30 años y aunque Guadalajara ofreció y ofrece lo mejor de dos mundos, carece del alma y desenfado que tiene mi ciudad, mi gente y mi “cagadero”.

Es fácil aburrirte y preguntarte después de dos meses ¿Cuándo carajos renovaran las exposiciones en el Hospicio Cabañas? La oferta cultural es relativamente poca, y los contrastes sociales a veces se hacen presentes.

No es fácil llegar y tratar de encajar en una ciudad que no es tuya, en una cultura que no es tuya, con ritmos que no son tuyos, porque si, estoy hasta la madre de la música banda, sin familia, sin Dominga (mi perro), sin amigos.

Definitivamente me sentí en Finlandia, porque a veces hace un frió como de cerro. Cuando menos yo, encuentro un gran punto en común entre los tapatíos y los chilangos: Tenemos hambre de crecer y ver que “pedo”.

La sociedad tapatía, cerrada en su gran mayoría, trata de salir de esta cultura del “JULIÓN”. A veces lo intenta, pero es retraída por sus propios genes, solitos se regresan a esta sociedad un tanto cerrada con esbozos de salir, de conocer, pero que al final se maneja en un circulo pequeño.

Siete millones de personas habitan la “Zona Metropolitana” que comprende Guadalajara, Tlaquepaque, Zapopan, Tonalá, Tlajomulco, El Salto, Ixtlahuacan, Juanacatlan y Zapotlanejo, es difícil comparar ese número contra los 22 mll de habitantes del D.F. y zona conurbada, pero este dato, aunque no lo crean, impacta en la forma de ver la ciudad.

Nada, simplemente nada, es mejor que tu gente, tu familia, tus amigos y créanme es más que complicado salir adelante cuando eres “defeño” fuera del D.F. No es que exista una “discriminación” pero no es nada sencillo encajar en una sociedad con este “estigma”.

Ni todos los “chilangos” somos “culeros”, ni todos los de “provincia” (palabra horrible) “son de pueblo”.

Basta de segregar a los que sólo queremos  un trabajo estable o simplemente mejorar un poco nuestra calidad de vida. Guadalajara ustedes son muy chingones, aunque sólo tenga conciertos de Maná o celebren la apertura del primer iHop o escuchen solo música banda o traten de imitar a Valle de Bravo con su Chapala o sigan sin entender que el “ocupo” es solamente empleado de forma “espacial”.

Siempre recordaré ese shot de café en el Pal Real o el grandioso mercado deantigüedades de Av. México, las garnachas en el mercado de San Juan, saberme hipster en Chapultepec, caminar por Santa Tere y echar cumbia y mezcal en el Pare de Sufrir o en La Lupita.

Guadalajara, gracias por tanto, pero ARRE yo soy de rancho y me regreso al mío porque ahí tocan Los Rolling Stones.

One Comment

  • Anonymous

    August 19, 2016 at 4:37 pm

    te entiendo, el apatio por mas moderno que se crea todavía trae elementos, tequilo-machistas del siglo 19, mariachi costumbristas tipo “no te rajes”…..prepotentes a morir, no se diga sus mujeres que creen que por estar bonitas se pueden comportar como un hyper-macho, los empleados son tratados como basura…..falta humildad, educación y cultura…..

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