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Por esto creo que necesitamos stand up

Recuerdo la primera vez que vi un video en Youtube de stand up en español. Era de Sofía Niño de Rivera, una de las comediantes más reconocidas del país actualmente. Cuando la vi haciendo comedia en un escenario desde sus propias vivencias, supe que yo quería hacer eso. Jamás imaginé que dos años después le estaría abriendo el show en Cine Tonalá.

De mis colegas: he escuchado un sinfín de veces comentarios sobre cómo comenzaron a hacer comedia inspirados por Bill Hicks y George Carlin. Para mí, los comediantes que me hicieron caer en cuenta sobre lo que yo quería hacer fueron Aziz Ansari y Louis CK (cabe destacar que yo soy de los comediantes más jóvenes del medio). Sin embargo, sospecho que muchos de mis compañeros mienten o bien, al igual que yo, omiten los indicios de su necesidad por el escenario. No me atrevo a hablar por los demás comediantes, pero con toda la vergüenza del mundo lo admito. Yo quise ser comediante porque de chico me gustaba lo que hacían Adal Ramones y los cuenta-chistes de Humor Es Los Comediantes.

Digo que me da vergüenza porque es verdad. Quisiera justificarme diciendo algo como “me gustaba el formato, no tanto el contenido”. Reí varias veces viendo Otro Rollo, muy a mi pesar. Donde sí me puedo justificar es diciendo que si bien Adal y compañía se valen de recursos trillados y básicos para hacer reír, yo no había estado expuesto a ningún otro tipo de comedia. El Chavo del Ocho sería mi único referente quizás, que para ser honestos también es bastante deprimente. No dudo que Roberto Gómez Bolaños fuera un hombre altamente educado y leído o que Adal Ramones realmente tuviera las mejores intenciones de hacer un talk show cuan asimilado a los estadounidenses. La cosa es que las buenas intenciones no fueron suficientes. Yo no sé ustedes, pero que en México se hiciera por décadas el mismo tipo de humor -sin ninguna otra opción- cimentado en pastelazos en la cara, albures y mujeres con vestidos de edecán, a mí sí me da mucha vergüenza.

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Cuando tenía 17 años, vi unos premios MTV conducidos por Sarah Silverman en donde la comediante hizo un chiste extremadamente oscuro sobre la sexualidad de Paris Hilton. Inmediatamente pensé “¿en serio? ¿Se puede bromear con cosas como estas?”. Se me abrió el panorama completamente porque fue el primer instante en que me di cuenta que existía más comedia que la de La Escuelita de Jorge Ortiz de Pinedo. Se podía hacer reír hablando de otra cosa que no fuera lo buena que estaba la compañerita o lo gorda que estaba la maestra. Y después de darle tantas vueltas al asunto, por esto me gusta hacer stand up y creo en ello. Para mí -y seguramente para varios de los demás comediantes-, el stand up representa una manera de enterrar todo ese tipo de comedia que en el fondo se construye con un discurso racista, clasista, misógino, homofóbico, etc.

El stand up ha crecido muchísimo en popularidad en parte porque representa una manera de dejar atrás la comedia antes mencionada, pero de parte del público había ya una demanda que cada vez era más difícil de ignorar. Obviamente la gente se iba a cansar. Dicho en otras palabras, la sociedad cambia y sus necesidades también. Creo que todos ya estábamos cansados de Nacasia y Nacaranda y todo el clasismo detrás de la caricatura.

Por eso, por la posibilidad de hacer algo nuevo sin línea editorial que responda a los intereses de una empresa, es que creo que todos estamos ávidos de crecer como comediantes. Aunque algunos ya hemos empezado a funcionar, tal vez nos hace falta entender que no podemos correr si no sabemos gatear. En Estados Unidos hay decenas de especiales producidos al año porque la comedia unipersonal llegó hace décadas. En México existe desde hace ocho años aproximadamente.

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Dicho esto, hay que reconocer que la escena apenas toma forma. Yo tuve la fortuna de llegar al stand up cuando ya habían lugares como Woko o Beer Hall para hacer comedia, pero iniciadores como Juan Carlos Escalante, Ese Wey, Héctor Suárez Gomís o Sofía Niño de Rivera tuvieron que abrir espacios por su propia cuenta. El crecimiento del movimiento se traduce también en una moda, nos guste o no. Precisamente por esto cada vez tenemos más comediantes de todo tipo e incluso personajes de la farándula que quieren incursionar.

El stand up ha crecido de manera exponencial porque además se están diciendo cosas de las que nadie quería hablar, o por lo menos de una manera diferente. El sexo, un tema siempre recurrente en la comedia, antes era tratada por Televisa desde el doble sentido. Ahora en cambio, los comediantes de stand up pueden hablar de ello de una manera que verdaderamente le llega a la gente porque el tema está trabajado desde un lugar muy honesto y directo. Los comediantes de la nueva escuela que gozan de renombre tienen eso, la obligación y capacidad de hablar con una sinceridad que nunca habíamos escuchado en la televisión.

Sin embargo, aquí yace un problema: nuestra doble moral. Si bien el stand up es un respiro de las barras de comedia de las televisoras, no nos gusta escuchar nuestras verdades ni sabemos reconocer un humor que trata de denunciar un problema a veces de manera ácida. Por años nos burlamos de Sammy, Miguel Luis o Changoleón (si no saben quiénes son está bien, no lo necesitan saber), pero cuando un comediante hace chistes sobre tener relaciones sexuales con una mujer con retraso mental, todos se escandalizan. A mí en alguna ocasión me dijeron que yo era un homosexual homofóbico. Yo siempre he explicado que cuando hago chistes sobre cómo los homosexuales contraemos VIH hasta que entramos a trabajar a Zara lo que realmente quiero hacer es burlarme de este tipo de prejuicios, poniéndome a mí mismo en el lugar del ignorante. Cuando yo aseguro que a todos los gays nos dará sida claramente no es porque yo lo piense, es mi manera de decir “¿ya vieron lo ignorantes que suenan cuando hacen aseveraciones así?”. Al final, la comedia bien construida no se burla de los grupos vulnerables sino de las nociones retrógradas alrededor de estos.

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Creo que es cuestión de tiempo y paciencia. Hay que tener paciencia para consolidarnos como comediantes pero también para consolidar juntos el movimiento entero. Así como hay seguidores fervientes de la escena, hay quien no acaba de entenderla. También hay a quien simplemente no le gusta ya sea por el formato o por el tipo de humor, lo cual también tenemos que aceptar aunque no queramos. Sin embargo, precisamente esa es la meta que veo que muchos tenemos en común: hacer reír con un tipo de contenido que te guste o no, por lo menos es diferente. Yo sí creo que el stand up está cambiando la comedia en México y eso finalmente desemboca en un cambio cultural importante.

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