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San Miguel de Allende

 

Si bien México es mundialmente reconocido como un punto turístico por sus playas, (las que están en el Pacífico y en el Caribe porqué el Golfo es medio feito)no todo es mar, arena y cocos con ginebra.

Corría el año de 1555 y México no era México, todavía nos hacían llamar “Nueva España”. Ángel de Villafañe por instancias del Virrey (no se emocionen chavos) Don Luis de Velasco, fundó la Villa de San Miguel el Grande, levantada justo a las faldas de las colinas al noroeste de Guanajuato. Al principio, el asentamiento funcionó como punto de conexión entre la capital de la Nueva España y Zacatecas. En ese entonces, era una de las zonas mineras más importantes de la corona Española.

Pasaron los años y la historia transcurrió como la conocemos; algunos se enojaron y decidieron que ya no estaba padre ser de España.

En esta nueva, reluciente y prometedora época (nótese el sarcasmo), el Congreso del Estado decidió dar el estatus de Ciudad y renombrar a la Villa de San Miguel el Grande. Así nació San Miguel de Allende, nombre dado en honor al célebre insurgente.

San Miguel de Allende se encuentra a unos 274 km de la Ciudad de México, y se caracteriza por la arquitectura colonial que se mantiene prácticamente intacta desde tiempos de la Corona Española.

Existe una gran cantidad de edificaciones de carácter religioso y ceremonial. En sus calles podemos encontrar lo que antes eran casonas, conventos, misiones e iglesias. Algo relativamente común en este tipo de pueblos.

Para 1950, San Miguel se convirtió en un punto turístico gracias a su arquitectura colonial, su clima y lo limitado que tenía frente al crecimiento de otros puntos.

Los soldados norteamericanos encontraron un punto de interés en San Miguel gracias al hermetismo que la ciudad podía guardar. A esto se le sumó el hecho de que el Instituto Allende, estaba acreditado por los servicios educativos de U.S.A. por lo que nuestros vecinos no dudaban en pasar largas temporadas en San Miguel con sus familias.

En 2008, fue inscrita a la UNESCO como patrimonio cultural de la humanidad gracias a su aportación a la arquitectura Barroca y a su importancia durante la lucha de independencia.

 

Posiblemente, San Miguel no tiene el desarrollo fantástico de otros puntos de interés, pero para mí, es posiblemente el lugar que más me gusta visitar. Cada vez que visitas este pueblo encuentras algo nuevo y fresco, reflejo del cariño y de la confianza que las nuevas generaciones le tienen a San Miguel.

En últimos años, tanto San Miguel como Tepoztlán, se volvieron bastiones de artistas, diseñadores y creativos que buscan en el misticismo y en el aura del lugar una producción creativa con mayor fluidez.

Ahora, San Miguel se encuentra inundado de hoteles boutiques, galerías chics y bodas “popof”, pero lo lindo es que el aura no se pierde y se mezcla perfectamente bien con el ambiente de consumo.

La última vez que fui, me quede platicando con un señor de 93 años de nombre Tadeo. Tadeo bebía pulque como si no hubiera un mañana y fue ahí donde lo conocí, en una pulquería. Eran las tres de la mañana y no para de platicarme sobre sus hijos, nietos y bisnietos y como todos trabajan con y para el pueblo.

No quise desarrollar y platicarles sobre lugares importantes, históricos, nuevas galerías, bares y demás porque creo que un lugar como este merece ser descubierto.

Yo conocí San Miguel perdiéndome en él, descubriendo la pulquería en donde conocí a Tadeo y eso, no tiene madre.

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